lunes, 8 de enero de 2018

Ni puta gracia



Ella dice que soy raro. Después ríe nerviosa y sale a la pista con esos perritos de agua brincando entre sus piernas. Murmura que no tengo ninguna gracia, pero fuerza una sonrisa para que la deje pasar camino de su caravana y se escabulle como una anguila. Ella implora que la deje dormir, que no le envíe más mensajes de buenas noches, que no la llame de madrugada. Asegura que no aguanta más y que si no la dejo tranquila, tendrá que denunciarme.

¡¿Denunciarme?!

No entiende cómo la quiero, cómo deseo cuidar de ella y que no tenga que preocuparse por nada, que no necesite volver a enseñar sus muslos desnudos ante el público. No imagina como palpita mi deseo, ni como aborrezco a esos chuchos que ladran cada noche, cuando me acerco a su puerta. No sabe lo que sufro. Por su culpa.


Raro. Ella decía que soy raro, y la chica de la cafetería también se lo dirá a la policía cuando le pregunten. Pero el resto del elenco del circo dirá que solo era un pobre payaso, amigo de los niños, un hombre muy educado aunque algo triste. Y que siempre daba los buenos días.


ENTC nos propone escribir 100 relatos de 200 palabras, inspirados en esta foto de Thomas Hoepker. Aquí os dejo el mío.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Procedimiento administrativo



Empezaron por la A (estas cosas siempre se hacen siguiendo un  orden). El primer día borraron anarquía, amnistía  y alegato. La medida fue calificada como propia de un régimen autoritario, pero como ese adjetivo también había sido eliminado, los periodistas se vieron obligados a utilizar metáforas e hipérboles oscuras, y nadie entendió nada. Después borraron derecho y democracia, lo cual impidió que se diera una noticia sobre unas elecciones en algún lugar (nada importante). Pero lo que más llamó la atención del público fue un titular de la prensa deportiva: “El delantero del Almeriense sufre una lesión en el tobillo contrario al izquierdo”. Y florecieron los memes.
Los diccionarios mostraban grandes islas en blanco en el enclave de las palabras prohibidas: huelga, Historia… Algunos profesores se quejaban de la imposibilidad de seguir enseñando sin las palabras adecuadas. Igualdad, justicia, libertad… Y ni siquiera la meteorología se libraba de la censura: calentamiento global, y cambio climático eran expresiones vetadas y, los datos de precipitación se exageraban para ocultar la sequía (término también eliminado).
Hoy, los noticiarios abrieron con un titular ilegible: «El (pueblo indignado) se (manifiesta) con (pancartas) en blanco». Hay más huecos que palabras y, sin embargo, todos sabemos que ha llegado el momento. Los periodistas intentan entrevistar a algún manifestante,  acercan un micrófono. Es inútil: nadie puede pronunciar palabra.

Un rumor, como de mar agitada, empieza a crecer entre la multitud  reunida en las plazas. Impotentes, nos miramos unos a otros. Hasta que un viejo susurra: «Libertad».


Relato finalista del IV concurso de microrrelatos de Amnistía Internacional Madrid
Tema:  Libertad de expresión
#Escribirporderechos

sábado, 9 de diciembre de 2017

Tengo la cabeza llena de monstruos



Solo yo puedo verlos, merodeando en mis sueños o corriendo de puntillas por el pasillo.

A los gigantes los oigo llegar desde lejos: el suelo retumba a cada paso y, aunque sus zancadas son enormes, me da tiempo a subirme a un árbol para que no me aplasten sin querer. Los duendes trabajan sin descanso mientras yo duermo: limpian la casa, preparan el desayuno, lavan mi ropa. Pero las hadas solo piensan en jugar. Abro el cajón de la mesilla y sale una volando. Si busco un bolígrafo, oigo sus risitas burlonas (seguro que me lo han robado ellas). Las brujas, en cambio, son honestas. Malvadas, pero honestas. Si haces un trato con ellas, sabes que lo cumplirán. Quizás tendrás que engordar a tu propio hermano para que se lo coman pero, a cambio, obtendrás la fama que deseas.

Sin embargo, desde que te conocí, todo ha cambiado. No como, no duermo, no vivo. Eres la criatura más maravillosa que jamás imaginé y, cuando me miras, siento que debería confesártelo todo: tengo la cabeza llena de monstruos, de magia. Pero, por ti, cambiaré. Buscaré otro oficio.


Y dejaré de escribir estos cuentos que lees cuando crees que no te miro.

Relato escrito para ENTC. Tema de esta convocatoria: "Seres mágicos"

viernes, 1 de diciembre de 2017

Objetos perdidos



Nada más bajar del taxi supe que había perdido algo. Revisé bolsas y bolsillos, pero no eché nada en falta. Sin embargo, tenía una extraña sensación de orfandad, de ausencia, como si hubiera descubierto un agujero en mi bolsillo e intentara recordar lo que llevaba allí.

No eran las llaves, por lo que pude entrar en mi piso sin dificultad. Tampoco había olvidado las bolsas de la compra, así que me preparé la cena y me senté a devorarla con ansia, pues no había comido nada desde el almuerzo. Encendí la televisión para distraerme de mi obsesión, pero continuaba pasando lista a todas mis pertenencias, intentando detectar cuál de ellas había extraviado. El móvil parecía querer tranquilizarme vibrando sobre la mesa de la cocina: cinco mensajes en dos grupos. Desesperada, volqué el contenido del bolso: cartera, documentación, paquete de pañuelos, protector labial… No faltaba nada.


Más tranquila, me dirigí al dormitorio y me puse el pijama. Al entrar en el lavabo  no noté nada extraño, abrí el grifo y dejé correr el agua. Desde el espejo, con el cepillo de dientes en la mano, mi cuerpo descabezado respondía a todas mis preguntas.

Relato para los #viernescreativos. El único requisito: que aparezca un taxi.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Cenicienta



Que me vaya a fregar, dice. Que me vuelva a casa, a la cocina, que es mi lugar. Y lo dice a voz en grito desde la grada, mientras su hijo baja los ojos avergonzado y saca la falta lo más rápido posible. Y yo lo reflejo todo en el acta, por vigésima vez esta temporada. Pero tampoco hoy pasará nada, no habrá sanción al club. Después de todo —dirán en la federación—, no ha habido violencia.


Mi madre lo observa todo desde el fondo sur, donde suele sentarse en silencio, para que nadie sepa que viene a verme a mí, que el partido no le interesa. Mira la grada efervescente, a los niños en el terreno de juego, y otra vez a los padres. Mueve la cabeza, pensativa, entorna los ojos y con un rápido movimiento de varita los convierte en ratones. El partido ha finalizado. Los niños ríen a carcajadas mientras sus padres corretean con sus diminutas patitas camino del aparcamiento. Mueven sus bigotes, asustados, cuando comprueban que los coches se han convertido en calabazas y me miran con estupor mientras subo en mi moto y abandono el lugar quemando rueda. 

Mamá me guiña un ojo desde la grada. No le gusta el deporte y tampoco entiende por qué visto siempre de negro, pero hace tiempo, ella también estrelló sus zapatos de cristal contra el asfalto. 

Relato para los viernes creativos de Ana Vidal. Esta semana, escribimos para luchar contra la violencia machista: dale la vuelta al cuento.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Limbo



Desde que empezó todo no he vuelto a ver a papá ni a mamá. Llevo días buscándolos, pero no los encuentro por ningún lado y empiezo a preocuparme porque en cualquier momento empezaré a tener hambre. A veces me parece oír algo, como un sollozo, y corro a la cocina pensando que es mamá quien llora, pero nunca la encuentro.

No me gusta estar sola. Por eso me alegré tanto cuando aparecieron las gemelas. La primera vez que las vi, estaban de pie al fondo del pasillo, cogidas de la mano. Me miraban con una expresión que no fui capaz de identificar: mitad miedo, mitad melancolía. Pensé que ellas también estaban solas y que solo querían jugar, pero era mucho más que eso. Las hermanas comprenden lo que ocurre. Susurran entre ellas y, cuando me acerco, callan. Saben  qué les ha pasado a mis padres, pero no me lo quieren explicar. Dicen que debo descubrirlo sola.


Hoy prometieron darme una pista  y me han llevado al jardín para enseñarme su rincón favorito. Nunca había visto que hubiera tumbas en el jardín.


Relato para los viernes creativos: la foto es de Hellen van Meene.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Pesadillas



Lo primero que oigo es un sonido sordo, como un trueno. Tras los cristales, el ruido de la lluvia parece la voz de mamá: un susurro suplicante, intentando calmarlo. Y papá cada vez más enfadado, hasta que su voz (aquella voz ronca y masculina), ahoga la de ella por completo y retumba en toda la casa. Un relámpago ilumina mi habitación como si fuera de día. Yo me escondo bajo las mantas y cuento los segundos, tal como me ha enseñado mamá, para comprobar si la tormenta se aleja.

Uno, dos…
El trueno ha sonado en la cocina.

Microrrelato escrito para Los viernes creativos.
Una historia inspirada en la última foto que hayas hecho con el móvil.