domingo, 8 de julio de 2018

Blanco como el mar




Esos no son mis pies. Están pegados a mis piernas, pero no son míos. Los míos caminan por la playa tras de ti, siguiendo una linterna que nos hace señales. Estos otros cuelgan a dos palmos del agua, pensando si sería mejor resbalar y desaparecer en la negrura de un mar insensible. Mis pies andan rápido. Los tuyos se hunden en la arena. No quieres que nadie nos quite el sitio y cargas con nuestro hijo en brazos. Has pagado. Se han quedado con todo el dinero y me has pedido que les deje usar mi cuerpo para que pueda venir el niño también.

Cierra los ojos, mi vida. Estaré bien.

Esos no son mis pies. Los míos, mojados y fríos, suben a la barca. Que no llore, has dicho poniéndolo en mi regazo.  Sus piececitos y los míos temblando juntos. Huérfanos de tierra.
No, no son míos. Mis pies habrían calmado su llanto, habrían luchado cuando alguien  lo arrancó de mí. Tú habrías luchado también.  Pero tuvimos miedo.

Ya no llora.

Esos no son mis pies, ya no. Los míos saltaron al agua inútilmente. Y los suyos, pequeños, blandos. Silenciosos.

Cierra los ojos, mi vida. Estarás bien.


Escribir en Blanco y Negro.
Relato para ENTC, inspirado en la fotografía de Benoit Courti.


lunes, 4 de junio de 2018

Alas de ceniza



No me llevo nada. Las fotos que nos hicimos cuando todo era perfecto están en un cajón de la cómoda, junto a los recibos del gas. En el bolso marrón, encontrarás los abrazos que me quedaron sin dar y el tique del abrigo que me compré en las rebajas y no he estrenado. Quizás quieras devolverlo, ya sé que era demasiado caro y este mes se hace cuesta arriba. También te he dejado un táper en la nevera: son las alas que me cortaste. Ya no las voy a necesitar.
Solo te pido una cosa: mis cenizas, espárcelas al viento.



Y hasta aquí mi participación en La Copa ENTC.
En esta tercera ronda, la premisa era doble: el título obligatorio y estar ambientado en el mes de Enero.

domingo, 27 de mayo de 2018

Apocalipsis




El fin del mundo no fue como lo habíamos imaginado. No nos embistió ningún meteorito, ni hubo erupciones violentas que enturbiaran el cielo. Tampoco inundaciones, ni terremotos, ni siquiera sequías que agrietaran la tierra y nos condenaran a la hambruna. Y no, no fue una guerra bacteriológica lo que nos condujo a la destrucción. Fue el silencio. Ocurrió poco a poco, aunque a mí me faltó valor para reconocerlo y me quedé sentado frente al televisor, esperando.
Al final, un destello en tu mirada, un gesto de hartazgo, un portazo y ya no vi más allá. Los relojes se pararon a las doce y cuarto.



Superada la 2ª Ronda de La Copa ENTC.
El relato de 100 palabras debía incluir uno de los versos de 
"Una manzana en la nevera" (Sandra Sánchez)

jueves, 17 de mayo de 2018

La reina de la pista



El destino de Raimunda siempre estuvo marcado por lo que ella llamaba un pequeño error. Con tesón, había conseguido enderezar el rumbo y convertirse en una mujer admirada. Pero, cuando más feliz era, las cosas se torcieron.
Perdió el trabajo. Todos sus ahorros se los había llevado la última operación y no pudo hacer frente a la hipoteca. Acabó durmiendo en el coche.
Cuando terminó el subsidio y fue incapaz de seguir pagándose la terapia hormonal, le llegó una oferta de trabajo. Ahora, comía tres veces al día, pero maldecía ganarse la vida con lo que más odiaba: su barba.



Primera Ronda de la Copa ENTC. 
Un relato de 100 palabras, en el que apareciera la palabra "barba" e inspirado en el siguiente título de la historia del rock español:
 "Maldita sea mi suerte" (Los suaves)
Ronda superada.

sábado, 12 de mayo de 2018

Playa sin mar




Pensé que me harían compañía y los llevé a mi nuevo apartamento. Drama y Comedia daban vueltas en su mundo transparente y golpeaban el cristal cuando me veían cerca. Yo los premiaba con unos copos de harina para peces  —gusanos, larvas e insectos, prensados y secos— y ellos los devoraban. Aunque debería decir que solo Drama tenía verdadero interés por la comida. Comedia prefería jugar: nadaba en círculos, hacía burbujas en la superficie con su boca redonda y roja, y saltaba —como si fuera un delfín amaestrado— haciendo sofisticadas piruetas.

Hasta que una mañana, encontré a Drama solo en la pecera. Golpeaba el cristal, como si pidiera comida pero sus ojos de pez intentaban decirme algo. En el suelo, Comedia se retorcía y agitaba, intentando acostumbrarse a aquel nuevo elemento. No lo consiguió. Aunque lo devolví presurosa al agua, sus agallas se habían secado y resultaban inútiles. Flotaba, agonizante en la superficie, y no tuve valor para verlo morir. Lo cogí y lo lance al váter con rabia. Tiré de la cadena.

Después, le eché doble ración de comida al pez superviviente. Quizás un ambiente de abundancia lo convencería de que era mejor no explorar los límites de su prisión.


Escribiendo en blanco y negro para ENTC
La foto inspiradora de esta convocatoria es obra de Annie Leibovitz

viernes, 13 de abril de 2018

Dragón(a)




Los días de lluvia no sale al balcón. Intuyo su sombra, trajinando con la fregona tras los visillos; pero no se asoma, y yo me acabo el café y regreso al despacho cabizbajo. Ya sé que no es una princesa —pertenece a esa estirpe de mujeres que se salvan solas—, pero me gusta soñar que un día reuniré valor para enfrentar sus ojos y dejar que sea ella quien me rescate.
Cuando hace sol, repasa los cristales con la bayeta. Y canta. Ya sé que no es una sirena: su voz no hipnotiza marineros errantes. Pero yo encallaría sin dudarlo en sus caderas y me ahogaría entre sus muslos, cada noche. Los días de sol, me tomo el café frío y mi jefe se mira el reloj mientras vuelvo a mi cubículo.
Hoy no ha ido a trabajar. En su lugar, otra muchacha sacudía con determinación la alfombra. Mi café ha quedado huérfano en la barra, al saber que ayer el encargado la arrinconó, en el cuartillo de las escobas, decidido a cobrar su parte de ese contrato precario. Dicen que había productos inflamables, que no saben cómo…
Yo sé que los dragones existen. Y espero, mirando al cielo.



Relato para ENTC: esta vez había que inspirarse en esta foto de René Matête.

martes, 6 de febrero de 2018

Amigos para siempre




Decían de mí que era un niño raro. Desenterraba los huesos que escondía el perro en el jardín y se los regalaba a mi amigo, el único que tuve. Él  se los guardaba en los bolsillos y, por un momento, el pozo sin fondo de sus ojos parecía menos oscuro. Éramos inseparables. Se sentaba en el pupitre vacío que había junto al mío y en el recreo esperaba, apoyado en la pared, a que le ofreciese la mitad de mi bocadillo.

Mis padres me llevaron al psicólogo. No era grave —dictaminó—, porque a mi edad muchos niños tienen amigos imaginarios. Los problemas llegaron más tarde, en la universidad, cuando empezó a acompañarme a clase de anatomía forense y sustrajo el cadáver de una muchacha. Era un regalo, dijo.

Me expulsaron. Volví a terapia.

Años de diván no han servido para nada. Él sigue dejando pájaros muertos en mi buzón y yo finjo que no lo veo cuando cruzo frente a la escuela. Pero ahí está, con la bata de rayas azules, el dobladillo descosido. Igual que el día que lo empujé al salir de clase y quedó retorcido, de aquel modo imposible, al pie de la escalera.


Para ENTC: escribimos en blanco y negro. Inspirado en la foto de Tom Waterhouse.