sábado, 9 de diciembre de 2017

Tengo la cabeza llena de monstruos



Solo yo puedo verlos, merodeando en mis sueños o corriendo de puntillas por el pasillo.

A los gigantes los oigo llegar desde lejos: el suelo retumba a cada paso y, aunque sus zancadas son enormes, me da tiempo a subirme a un árbol para que no me aplasten sin querer. Los duendes trabajan sin descanso mientras yo duermo: limpian la casa, preparan el desayuno, lavan mi ropa. Pero las hadas solo piensan en jugar. Abro el cajón de la mesilla y sale una volando. Si busco un bolígrafo, oigo sus risitas burlonas (seguro que me lo han robado ellas). Las brujas, en cambio, son honestas. Malvadas, pero honestas. Si haces un trato con ellas, sabes que lo cumplirán. Quizás tendrás que engordar a tu propio hermano para que se lo coman pero, a cambio, obtendrás la fama que deseas.

Sin embargo, desde que te conocí, todo ha cambiado. No como, no duermo, no vivo. Eres la criatura más maravillosa que jamás imaginé y, cuando me miras, siento que debería confesártelo todo: tengo la cabeza llena de monstruos, de magia. Pero, por ti, cambiaré. Buscaré otro oficio.


Y dejaré de escribir estos cuentos que lees cuando crees que no te miro.

Relato escrito para ENTC. Tema de esta convocatoria: "Seres mágicos"

viernes, 1 de diciembre de 2017

Objetos perdidos



Nada más bajar del taxi supe que había perdido algo. Revisé bolsas y bolsillos, pero no eché nada en falta. Sin embargo, tenía una extraña sensación de orfandad, de ausencia, como si hubiera descubierto un agujero en mi bolsillo e intentara recordar lo que llevaba allí.

No eran las llaves, por lo que pude entrar en mi piso sin dificultad. Tampoco había olvidado las bolsas de la compra, así que me preparé la cena y me senté a devorarla con ansia, pues no había comido nada desde el almuerzo. Encendí la televisión para distraerme de mi obsesión, pero continuaba pasando lista a todas mis pertenencias, intentando detectar cuál de ellas había extraviado. El móvil parecía querer tranquilizarme vibrando sobre la mesa de la cocina: cinco mensajes en dos grupos. Desesperada, volqué el contenido del bolso: cartera, documentación, paquete de pañuelos, protector labial… No faltaba nada.


Más tranquila, me dirigí al dormitorio y me puse el pijama. Al entrar en el lavabo  no noté nada extraño, abrí el grifo y dejé correr el agua. Desde el espejo, con el cepillo de dientes en la mano, mi cuerpo descabezado respondía a todas mis preguntas.

Relato para los #viernescreativos. El único requisito: que aparezca un taxi.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Cenicienta



Que me vaya a fregar, dice. Que me vuelva a casa, a la cocina, que es mi lugar. Y lo dice a voz en grito desde la grada, mientras su hijo baja los ojos avergonzado y saca la falta lo más rápido posible. Y yo lo reflejo todo en el acta, por vigésima vez esta temporada. Pero tampoco hoy pasará nada, no habrá sanción al club. Después de todo —dirán en la federación—, no ha habido violencia.


Mi madre lo observa todo desde el fondo sur, donde suele sentarse en silencio, para que nadie sepa que viene a verme a mí, que el partido no le interesa. Mira la grada efervescente, a los niños en el terreno de juego, y otra vez a los padres. Mueve la cabeza, pensativa, entorna los ojos y con un rápido movimiento de varita los convierte en ratones. El partido ha finalizado. Los niños ríen a carcajadas mientras sus padres corretean con sus diminutas patitas camino del aparcamiento. Mueven sus bigotes, asustados, cuando comprueban que los coches se han convertido en calabazas y me miran con estupor mientras subo en mi moto y abandono el lugar quemando rueda. 

Mamá me guiña un ojo desde la grada. No le gusta el deporte y tampoco entiende por qué visto siempre de negro, pero hace tiempo, ella también estrelló sus zapatos de cristal contra el asfalto. 

Relato para los viernes creativos de Ana Vidal. Esta semana, escribimos para luchar contra la violencia machista: dale la vuelta al cuento.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Limbo



Desde que empezó todo no he vuelto a ver a papá ni a mamá. Llevo días buscándolos, pero no los encuentro por ningún lado y empiezo a preocuparme porque en cualquier momento empezaré a tener hambre. A veces me parece oír algo, como un sollozo, y corro a la cocina pensando que es mamá quien llora, pero nunca la encuentro.

No me gusta estar sola. Por eso me alegré tanto cuando aparecieron las gemelas. La primera vez que las vi, estaban de pie al fondo del pasillo, cogidas de la mano. Me miraban con una expresión que no fui capaz de identificar: mitad miedo, mitad melancolía. Pensé que ellas también estaban solas y que solo querían jugar, pero era mucho más que eso. Las hermanas comprenden lo que ocurre. Susurran entre ellas y, cuando me acerco, callan. Saben  qué les ha pasado a mis padres, pero no me lo quieren explicar. Dicen que debo descubrirlo sola.


Hoy prometieron darme una pista  y me han llevado al jardín para enseñarme su rincón favorito. Nunca había visto que hubiera tumbas en el jardín.


Relato para los viernes creativos: la foto es de Hellen van Meene.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Pesadillas



Lo primero que oigo es un sonido sordo, como un trueno. Tras los cristales, el ruido de la lluvia parece la voz de mamá: un susurro suplicante, intentando calmarlo. Y papá cada vez más enfadado, hasta que su voz (aquella voz ronca y masculina), ahoga la de ella por completo y retumba en toda la casa. Un relámpago ilumina mi habitación como si fuera de día. Yo me escondo bajo las mantas y cuento los segundos, tal como me ha enseñado mamá, para comprobar si la tormenta se aleja.

Uno, dos…
El trueno ha sonado en la cocina.

Microrrelato escrito para Los viernes creativos.
Una historia inspirada en la última foto que hayas hecho con el móvil.

martes, 10 de octubre de 2017

Óleo sobre lienzo, 1937




Un día, el azul desapareció. Nos quedamos todos mirando al cielo, con cara de pasmados. Quietos. Alguien aventuró que se acercaba una tormenta, pero aquel gris acerado no tenía nada que ver con los nubarrones de abril. Después se borraron los amarillos y el atardecer perdió su luz. Los enamorados dejaron de citarse a la hora del crepúsculo y un frío penetrante se coló entre los pliegues de tu falda.
Al poco, nos faltó el verde y el roble milenario se convirtió en despojo de nuestra historia. Muy pocos se atrevieron a salir al campo y los que lo hicieron regresaron cubiertos de cenizas, como si un gran incendio hubiera devastado el valle. Pero fue cuando nos robaron el rojo que, incapaces de distinguir la sangre del barro, alzamos nuestras manos crispadas en puños y gritamos con las gargantas llenas de polvo. A esas alturas, el dolor asaetaba nuestros ojos y el cielo vomitaba hierro y fuego.
Y muerte.

Sobre un lienzo blanco, Pablo dibuja formas afiladas, lenguas enhiestas que apuntan al cielo. Pinta cuerpos retorcidos en ángulo obtuso, animales moribundos, madres que lloran. Y en tus ojos, nublados de tristeza, el recuerdo de una guerra en blanco y negro.


Este relato fue nominado en el blog ENTC. El lema de la convocatoria bimensual: "Artistas"


lunes, 28 de agosto de 2017

Volver



El viaje de vuelta siempre parece más corto. Dicen que es porque ya conocemos el camino. A mí, en cambio, se me está haciendo eterno. Seguramente sea porque no deseo llegar a casa. Nuestra casa.
Solo.
El viaje de regreso iba a ser idéntico al de ida. Rebobinaríamos la película y el coche retrocedería marcha atrás, los pueblos se sucederían y los carteles anunciando las salidas de la autopista aparecerían en orden inverso. Los niños se quedarían dormidos en el asiento trasero. Tú me cogerías la mano, que reposaría indolente en el cambio de marchas, sonriendo igual que lo hacías en el trayecto de ida ante la perspectiva de unos días en la playa.
Pero nada es como debiera. Ni siquiera conduzco yo: el collarín me lo impide. Un taxista extrañamente callado se sienta al volante. La vista clavada en el asfalto y, de tanto en tanto, una fugaz mirada al retrovisor vigilando mi silencio. En el hospital le habrán explicado lo ocurrido y prefiere no entablar conversación. Mejor así.
Me esfuerzo, pero no consigo recordar el accidente. Solo luces parpadeantes acercándose. Aquella mano inmóvil sobre la mía. Tu sonrisa convertida en dolorosa mueca.

Y los niños, que parecen dormidos.

Mi participación en ENTC. Lema de este bimestre: "Viajes y viajeros".

martes, 27 de junio de 2017

Superlópez



Mamá lloraba, sentada en el borde de la cama. Yo tenía siete años. Me acerqué, interrogándola en silencio, y ella me abrazó muy fuerte. Papá se ha ido, dijo.
Después supe que aquel se ha ido no significaba lo mismo que el de seis meses atrás, cuando el abuelito murió. Papá no estaba muerto, nos había abandonado. Mamá decía que no me preocupase, que papá volvería para llevarnos a Chitón. Yo creía que Chitón era el pueblo de mis abuelos y lo estuve buscando en el atlas, pero no lo encontré.
Pasaba las tardes mirando las fotos de los momentos felices. Papá vestido con traje y corbata. Papá entrando en una cabina telefónica… Recuerdo aquella vez que me llevó al estadio para ver al Parchelona y,  a la salida, me llenó los bolsillos de petisos de goma de varios sabores. Yo estaba muy contento, pero mamá se enfadó porque no me comí la cena.
Crecí. Las cabinas desparecieron. Él nunca regresó. Aún conservo algunas de sus cosas: una pajarita de papel, un traje con una “S” y una capa roja. Antes de marcharme, se las enseño a mi hijo que exclama: ¡El abuelo era Superman!

Se equivoca,  nosotros somos López.


Mi participación en ENTC. El tema del bimestre eran los "Superhéroes" y yo decidí homenajear a uno muy especial: un héroe de andar por casa, un héroe que podría ser tu padre o el mío, un héroe que quizás no lo es tanto, o que solo lo es a ojos de un niño. 

domingo, 11 de junio de 2017

Púber



Lo que daría porque, al levantarse, me susurrase “desayuno”, “instituto” o “exámenes”; que sus labios pronunciasen una esdrújula o que encadenaran una subordinada. No hay manera: desde que cumplió catorce, sólo le he oído monosílabos. Nuestras conversaciones han mutado en interrogatorios: yo pregunto y él asiente, o niega. A veces, refuerza el mensaje con un gesto de la mano y ya no sé si está contestándome o me está dando un “me gusta”.

Creo que está sufriendo una regresión: cada día duerme más, come cada tres horas… Solo espero el momento en que pronuncie, de nuevo, su primera palabra: mamá.


Este sábado, 10 de junio, el concurso "L'art d'escriure" del programa Wonderland de RNE4, ha escogido mi relato como ganador semanal. 
Si queréis escuchar el fragmento del programa podéis hacerlo en este enlace


miércoles, 31 de mayo de 2017

Colonización



Tatuaron sus pieles grises con el mapa que heredaron de sus ancestros, memorizaron las coordenadas y aprendieron a leer en las estrellas el camino de regreso. Todo con un objetivo: salvar a su especie de la extinción, por segunda vez.
Pero los profetas erraron el cálculo y el viaje dura ya dos milenios más de lo previsto. Solo él ha sobrevivido.

El viajero solo espera que esa extraña criatura de largos cabellos le acepte como compañero. Bajo un cielo color lavanda, la última hija de Eva estudia al peregrino que desciende de la nave. Y piensa que a los colonos hay que recibirlos como merecen.


Relato finalista en La Copa ENTC. Las premisas obligatorias eran que apareciese la palabra "lavanda" y que el relato finalizase con la frase "...hay que recibirlos como merecen". Podéis leer los relatos de mis compañeras en este enlace.


domingo, 21 de mayo de 2017

"Wallapop"



La compré en el rastro, muy bien de precio. Era una Singer antigua, con mueble y pedal originales. El trapero insistió en que funcionaba perfectamente, quizás temiendo que regatease el precio. Sonreía de un modo extraño cuando le aseguré que no importaba, que solo la quería como objeto decorativo. Mientras la cargábamos en el coche me recomendó que la engrasara de vez en cuando. “Funciona sola”, aseguró.
No mentía. Una vieja, de manos traslucidas, me ha reformado todo el vestuario. No tiene mala intención, pero murió hace tanto que ahora parezco Jackie Kennedy.


“Se vende máquina de coser. Perfecto estado”.

Las Semifinales de La Copa ENTC ya son leyenda: nos inspiramos en las leyendas de Béquer y a mí me tocó la que lleva por título "Maese Pérez, el organista"
Con este micro he conseguido mi pase a la Final de La Copa ENTC.

domingo, 14 de mayo de 2017

Mentiras sin importancia



Papá las contaba como nadie, pero mamá siempre se enfadaba con él: «sólo han sido dos, hay que ver cómo te pones». A veces, mientras conducía, le brillaban los ojos y la lengua se le enredaba en el paladar. Yo reía y él me explicaba cuentos de liebres que corrían por el mar. Al llegar a casa, yo merendaba y mamá reñía a papá, otra vez.

Sabía contarlas como nadie, sobre todo cuando íbamos en coche: «Ni una gota, señor agente, se lo juro. Es que me deslumbró el sol. Díselo, cariño, por favor. Levántate del arcén y díselo, hijo».


Superada la 4ª Ronda de La Copa ENTC: máximo 100 palabras y título obligatorio "Mentiras sin importancia". Con este relato me planto en Semifinales.

sábado, 6 de mayo de 2017

Parece que va a llover



Noelia, hija, tu padre y yo accedimos a dejar de utilizar la bañera: nosotros podíamos ducharnos en el polideportivo y las tortugas la necesitaban más. Tampoco nos importó renunciar a nuestras cenas veraniegas en el balcón y cedérselo a esas golondrinas desahuciadas, sin un alero del que colgar el nido. Pero esa pareja de pingüinos que has acogido son unos desagradecidos.

Estamos dispuestos a compartir la nevera, en aras de una buena aclimatación, pero compréndelo: no pueden adoptar a los huevos y dejarnos sin cena. ¡Es intolerable! Lo siento, Noe, pero tu trabajo de ciencias no puede ser un arca.


Para la 3ª Ronda de la Copa ENTC: un relato de 100 palabras inspirado en esta fotografía de Eva García. 
Reto superado

sábado, 29 de abril de 2017

Quinientas noches de insomnio



La abuela juraba que aquella maleta no era suya. Yo siempre la había visto en el armario y me moría de curiosidad, pero el subastero dijo que el precio se cerraba a ciegas. Entró en el piso, recorrió las habitaciones e hizo su oferta. Lo miré desconfiada por lo abultado de la cifra. —De acuerdo —dijo él—, escoja un objeto y rebajamos el precio.

La maleta pesa muy poco. Llevo diecinueve días mirándola. Intento adivinar si contendrá su vivo retrato, o las gafas de lejos... Las noches las paso en vela, escuchando los crujidos que salen de su interior.


Superada la 2ª ronda de La Copa ENTC. Homenaje a los cantautores: un relato de 100 palabras inspirado en el tema "19 días y 500 noches" de Sabina.

viernes, 28 de abril de 2017

Epitafio



Siempre temí que se descubriera mi falta de talento, la ausencia completa de imaginación. Que alguien señalara aquellas frases que le copié al gran Gabo para mi primer libro; o los personajes, hurtados a Lope, en la novela que me consagró como escritor. Lector voraz y aficionado a los puzles, supe encajar las descripciones precisas de Pla y el sentido del humor de Cervantes, en un argumento sacado de la telenovela de moda.
Cómo no iba a caer rendido a mis pies el mundo entero, si le daba de comer el mismo rancho que servían en televisión, vestido de etiqueta y regado con el mejor Rioja. Simpleza callejera y belleza hurtada a los clásicos olvidados.
Sí, soy un fraude, pero me ha ido tan bien que no voy a cambiar ahora. Llegada mi senectud, he comenzado a frecuentar los cementerios. Allí donde me lleva la promoción de mi última obra, visito el camposanto, paseo por sus jardines y busco las tumbas de los prohombres. Así me nutro de frases póstumas, me las pruebo, me engalano con ellas y me contemplo en el espejo. En cuanto encuentre una que me caiga bien...

Mi muerte va a ser un éxito. 


Relato para la convocatoria bimestral de ENTC. Lema: escritores o sus personajes

lunes, 24 de abril de 2017

El ornitólogo



Mientras observaba a través de los  prismáticos, dos endecasílabos llegaron volando y se posaron en un arbusto; enseguida llegaron dos más y empezaron a cantar en rima asonante. La migración de los sonetos había empezado con el mes de abril y, como cada primavera, sólo él dejaba constancia de su paso. Otros corrían disparando tiros a los pareados, que caían como moscas, o tendían redes para atrapar serventesios salvajes. Pero él prefería los sonetos:  tan raros, tan difíciles de observar, con a su plumaje críptico y sus hábitos prudentes. Tan hermosos.

En cuanto empezaba la temporada Martín, vestido de camuflaje, se parapetaba en su escondrijo cerca del río y se armaba de paciencia. A veces la espera era larga y él se entretenía leyendo poesía. Fue así como descubrió que aquel leve sonido, producido al volver las páginas, actuaba como un reclamo y atraía a los sonetos en celo. Éstos se le acercaban sin miedo, dando saltitos y picoteando el suelo. Y él comenzó a lanzarles migas de su bocadillo, cada vez más cerca; hasta que alguno, más atrevido, se posaba sobre el libro. Entonces, con un rápido giro de muñeca, Martín lo cerraba de golpe, atrapando entre las páginas un nuevo ejemplar que nunca más volvería de tu balcón su nido a colgar.


Mi participación en el concurso de Zenda #historiasdelibros

sábado, 22 de abril de 2017

Identidad



Apareció dos días después. Aún llevaba puesto el vestido: gasa de seda natural, bordado en nácar, piedras y cristales. El cabello, emplastado por la sangre, le tapaba un ojo. El otro, abierto e hinchado como una pompa de jabón a punto de explotar, me miraba.
Su madre se me acerca con pálida angustia. Esto pasa por querer ser lo que uno no es. La gente no quiere escándalos. Si os hubierais ido a vivir juntos, nadie hubiera dicho nada. Pero no, tenía que cambiar de nombre, tenía que casarse.

Y apretándome con fuerza la mano, añade: «Y vestido de blanco».


Superada la PRIMERA RONDA: un relato, 100 palabras, 2 objetos (jabón y vestido de novia). 

domingo, 19 de marzo de 2017

Amelia




Esperó a que bajase la marea y se acercó caminando hasta una de las barcas varadas en la arena. La observó con cuidado, como el pintor que estudia a la modelo antes de tomar los pinceles. Acarició sus formas, entornó los ojos e inhaló el aroma a salitre y pescado que emanaba de sus entrañas. Después deslizó los dedos sobre las letras pintadas en rojo y dibujó un nombre: Amelia.
De regresa a casa, el lecho vacío desprendía el aroma del engaño: salitre y pescado. Y allí seguía la nota que Amelia había dejado en la nevera.


Este relato resultó ganador de Express-ando 2017: II Certamen de Escritura Rápida de San Vicente de la Barquera.
(100 palabras, 20 minutos, 1 tema sorpresa)

domingo, 19 de febrero de 2017

Sopa casera de garbanzos



Lleva mucho tiempo sola. De lunes a viernes trabaja en la fábrica de sopas instantáneas y al regresar a casa solo tiene ánimo para pulir el hueco que ha forjado en el sofá viendo, un día tras otro, ese concurso de cocina.
Ni siquiera habla con sus vecinos, más bien los evita; pero sabe que en el entresuelo vive una anciana, acelgas con patatas y pescado hervido; en el segundo una pareja joven, macarrones boloñesa y bistec con patatas; y en el primero, un divorciado que mata el hambre a base de precocinados y microondas. El número veintisiete de la calle Tánger huele a soledad y sopa de sobre.
Hace dos años que no tiene una cita. Al último chico no le gustó el restaurante que ella propuso —demasiado elegante—, ni el sushi —él era más de hamburguesas—, y tampoco le debió gustar que le preguntase si sabía cocinar, porque no ha vuelto a tener noticias suyas.
Su antiguo novio la mira desde la pantalla y emplata un magnifico solomillo con reducción de Oporto ante los chefs televisivos. Ella ha reconocido el ingrediente extra de la salsa y le duele que él diga que es uno de sus trucos de gran cocinero.
Ella ya no cocina nunca. Guisar le provoca una tristeza tan honda que sus lágrimas acaban estropeando salsas y caldos. Es un desastre. Solo en la fábrica parece no importarles que llore sobre los pucheros. Esas sopas ya daban pena antes de que la contratasen.
Intenta olvidar las promesas de amor que se hicieron: que tendrían una estrella Michellin en común, y que podrían sus nombres a los postres de la carta. Pero aún recuerda como olía el sofrito o las lentejas con chorizo, y como sabían las natillas y la trata de chocolate.

Por fin hoy, el día más frío del invierno, su pituitaria se ha fugado por la ventana persiguiendo un olor seductor: el perfume de un caldo paciente. A su mente han acudido imágenes dormidas, fotos de un recuerdo infantil, de garbanzos bailando en una cazuela de barro mientras madre majaba los ajos. Ha entornado los párpados, entregándose al éxtasis de los aromas perdidos, y cuando el repicar del mortero le ha susurrado una promesa de pan frito, se ha levantado del sofá, ha abandonado el concurso de los fogones, y ha decidido ir a pedirle una tacita de arroz a su nuevo vecino.

Mi participación en el concurso de Zenda #historiasdeamor

jueves, 16 de febrero de 2017

Decisiones que ya tomé y algunas que no



Debo decidir si me llevo la ropa de verano o de invierno, si voy al norte o al sur, si avión o tren. No debo decidir dónde cenaré esta noche, dónde dormiré. Debo decidir si dejar una nota o enviarte un wassap, si escribir «ya no te quiero» o mentir, si mandarte un beso o un simple adiós. Ya decidí cambiar mi número de teléfono, no llevarme ni una foto, no volver.
Nunca.

Debo decidir abandonar la dieta, dejar de fumar, empezar a quererme, no volver a maquillar más moratones. Debo decidir bajar la maleta del altillo. Debo decidir…

Despojo en bucle para la semana 18 de REC. La frase de inicio era Debo decidir.

lunes, 30 de enero de 2017

Enemigos íntimos



Lo de Ramón venía de lejos. De niños fuimos amigos, jugábamos en la calle, apedreábamos gatos y atábamos petardos a la cola de los perros callejeros. Pero todo eso cambió el día que ella llegó al pueblo: tenía unas trenzas muy largas y una nariz —sembrada de pecas—, que arrugaba en una mueca deliciosa cuando algo la disgustaba. Era la hija del nuevo veterinario.
En cuanto Angelita frunció su linda nariz, Ramón me señaló como el artífice de aquellas salvajadas. Era su oportunidad y no dudó en aprovecharla: ella dejó de hablarme, dejó de mirarme, y una tarde, cuando sabía que yo los espiaba tras la ventana, le dio un beso a Ramón que se me clavó en el hígado.
No volví a torturar a ningún animal, lo prometo. Pero a Ramón se la tenía jurada: primero puse pegamento en su gorra; después, para hacer las paces, compré unos bombones  que rellené con laxante; y, finalmente, rompí los frenos de su bici y le reté a una carrera del valor frente al barranco del Diablo.  
Ganó él.

Yo recuperé la esperanza, durante un tiempo. Hasta que Ángela adoptó una nueva mascota: un galgo del refugio, al que llamó Ramón.

Con este relato participo en la convocatoria bimestral de ENTC. Tema: "Perros y/o gatos".
La ilustración es de Paloma Casado.

viernes, 20 de enero de 2017

La culpa es de la cal del agua



―Para implorarle que vuelva a casa y acabe lo que vino a hacer. ¡Para eso llamo! Para decirle que no puedo vivir un día más sin ella, que estoy dispuesto a aceptar sus condiciones y a firmar ese presupuesto.
Al otro lado, la voz metálica responde:
―Para hablar con el servicio técnico, marque el cuatro.
―Usted gana, pero por favor, dígale que vuelva y arregle de una vez la lavadora.

Despojo de REC. La frase de la semana "Para implorarle que vuelva a casa". 

martes, 17 de enero de 2017

Dulce Navidad




Es que no tuviste bastante con uno.
Ni con dos.
Así que te comiste un tercero.
Hubieras preferido no hacerlo, cuatro, pero te faltó voluntad, cinco y seis. El séptimo aún se derretía en tu boca cuando ya hurgabas en busca del octavo. ¡No había marcha atrás! Con gula, saboreaste a un tiempo el praliné, nueve, y la delicia de coco, diez. El número once, de licor, te animó a desprenderte de la culpa y dejaste que el último se lo comiera el perro.

Por la mañana, sus huellas sobre la alfombra te exoneraban de toda culpa.


Segundo despojo para la primera semana del año en REC. La frase inicial: "Es que no tuviste bastante"

Almas gemelas


«Es que no tuviste bastante» masculló mirando de reojo su reflejo.
Al otro lado, Hyde se limpiaba la sangre y escondía el cuchillo. Nunca imaginó que Gina opondría tan poca resistencia: la hoja la había penetrado como si ella fuera de mantequilla.

Instantes después, el doctor unta una tostada y se la lleva a la boca.

Primera semana del año, primer despojo para REC. La frase de inicio: "Es que no tuviste bastante"

viernes, 6 de enero de 2017

Ángeles sobre ruedas



La Navidad que cumplí diez años, llegaron por fin las bicicletas. Quizás influyó en algo que yo estaba perdiendo la inocencia y mamá quería, a toda costa, comprar mi silencio y evitar que acabase explicándole a Carlitos porqué los Reyes no nos las traían nunca. O quizás fue porque cuando volvimos los cuatro de la cabalgata, encontramos a la abuela muerta en el sofá verde, y papá estuvo revolviendo en la cómoda durante tres horas antes de avisar a mis tíos. Fuera por lo que fuese, la mañana de aquel seis de enero, a Carlitos y a mí nos vistieron con la ropa del domingo y nos dejaron jugar en la calle toda la mañana, con nuestras bicis nuevas, dando vueltas y más vueltas a la plaza, mientras en casa, mamá y los tíos, dispuestos alrededor de la cama de la abuela, alternaban los rosarios con los gritos, según hubiera vecinas en el piso, o no.
Al finalizar el día, Carlitos y yo teníamos agujetas y las mejillas cortadas por el frío, pero lo que más nos dolió fue que mamá nos dijera que la abuela se iba a llevar las bicicletas porque los ángeles del cielo las necesitaban para llevarle los recados a Dios.

Cualquier niño de cinco años sabe que los ángeles tienen alas y no van en bici.


Con este relato participo en el concurso #cuentosdenavidad de Zendalibros.com. Obligatorio que aparezca la palabra "Navidad", del espíritu navideño no se decía nada, así que... 
La imagen, tomada de internet, es de Michael Hagn.