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domingo, 16 de diciembre de 2018

...tal astilla




      Entorno la puerta con cuidado, por fin se ha dormido. Cada vez me cuesta más convencerlo de que los juguetes no se mueven solos cuando él cierra los ojos. Esta noche, incluso, he tenido que esconder el payaso de fieltro en el armario, porque Carlitos aseguraba que el muñeco era quien ordenaba a los demás que treparan a su cama y no lo dejaran dormir.
      Mi madre dice que tanto ordenador lo pone nervioso y por eso tiene pesadillas. La pediatra, en cambio, no le da importancia. Dice que es normal a su edad y que es un niño sano e imaginativo. Claro que ellas no tienen que saltar de la cama en mitad de la noche para ir a salvarlo de los dinosaurios de plástico hambrientos.
      Lo único que me compensa es cuando, como esta noche, consigo guardarme disimuladamente en el bolsillo  el descapotable azul. Le doy cuerda a tope, me siento al volante y te invito a ocupar el asiento de al lado. Tú sonríes y, juntos, dejamos que el viento nos despeine mientras él duerme tranquilo.
      Al amanecer, regresamos con las pilas cargadas y, mientras lo besas en la frente, susurras: "de tal palo…".

Escribiendo en ByN para ENTC
(recuperando el color)
Última convocatoria del año, inspirada en esta foto de Robert Dosnieau.

domingo, 8 de julio de 2018

Blanco como el mar




Esos no son mis pies. Están pegados a mis piernas, pero no son míos. Los míos caminan por la playa tras de ti, siguiendo una linterna que nos hace señales. Estos otros cuelgan a dos palmos del agua, pensando si sería mejor resbalar y desaparecer en la negrura de un mar insensible. Mis pies andan rápido. Los tuyos se hunden en la arena. No quieres que nadie nos quite el sitio y cargas con nuestro hijo en brazos. Has pagado. Se han quedado con todo el dinero y me has pedido que les deje usar mi cuerpo para que pueda venir el niño también.

Cierra los ojos, mi vida. Estaré bien.

Esos no son mis pies. Los míos, mojados y fríos, suben a la barca. Que no llore, has dicho poniéndolo en mi regazo.  Sus piececitos y los míos temblando juntos. Huérfanos de tierra.
No, no son míos. Mis pies habrían calmado su llanto, habrían luchado cuando alguien  lo arrancó de mí. Tú habrías luchado también.  Pero tuvimos miedo.

Ya no llora.

Esos no son mis pies, ya no. Los míos saltaron al agua inútilmente. Y los suyos, pequeños, blandos. Silenciosos.

Cierra los ojos, mi vida. Estarás bien.


Escribir en Blanco y Negro.
Relato para ENTC, inspirado en la fotografía de Benoit Courti.


martes, 6 de febrero de 2018

Amigos para siempre




Decían de mí que era un niño raro. Desenterraba los huesos que escondía el perro en el jardín y se los regalaba a mi amigo, el único que tuve. Él  se los guardaba en los bolsillos y, por un momento, el pozo sin fondo de sus ojos parecía menos oscuro. Éramos inseparables. Se sentaba en el pupitre vacío que había junto al mío y en el recreo esperaba, apoyado en la pared, a que le ofreciese la mitad de mi bocadillo.

Mis padres me llevaron al psicólogo. No era grave —dictaminó—, porque a mi edad muchos niños tienen amigos imaginarios. Los problemas llegaron más tarde, en la universidad, cuando empezó a acompañarme a clase de anatomía forense y sustrajo el cadáver de una muchacha. Era un regalo, dijo.

Me expulsaron. Volví a terapia.

Años de diván no han servido para nada. Él sigue dejando pájaros muertos en mi buzón y yo finjo que no lo veo cuando cruzo frente a la escuela. Pero ahí está, con la bata de rayas azules, el dobladillo descosido. Igual que el día que lo empujé al salir de clase y quedó retorcido, de aquel modo imposible, al pie de la escalera.


Para ENTC: escribimos en blanco y negro. Inspirado en la foto de Tom Waterhouse.