jueves, 7 de noviembre de 2013

Mendigos


Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor Carlitos fijó su vista en aquel otro hombre, apenas una sombra bajo la luz de la farola. Le asustaba un poco.

Se parecía al ogro de los cuentos. Tenía una barba muy cerrada y sus ojos brillaban con fiereza bajo unas cejas espesas y negras. Notaba aquella mirada clavada en su cuerpecillo, acechándole. El hombre se acercó. Carlitos retrocedió y su padre levantó rápidamente la vista del contenedor.

De repente el ogro le alargó una bolsa de plástico con unos patines.

—Están nuevos— dijo —la gente tira cualquier cosa.
 
 Con este relato he participado en REC (06/11/2013).