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jueves, 7 de noviembre de 2013

Mendigos


Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor Carlitos fijó su vista en aquel otro hombre, apenas una sombra bajo la luz de la farola. Le asustaba un poco.

Se parecía al ogro de los cuentos. Tenía una barba muy cerrada y sus ojos brillaban con fiereza bajo unas cejas espesas y negras. Notaba aquella mirada clavada en su cuerpecillo, acechándole. El hombre se acercó. Carlitos retrocedió y su padre levantó rápidamente la vista del contenedor.

De repente el ogro le alargó una bolsa de plástico con unos patines.

—Están nuevos— dijo —la gente tira cualquier cosa.
 
 Con este relato he participado en REC (06/11/2013).

miércoles, 23 de octubre de 2013

La muñeca


—Si papá, pero ¿y esa?— preguntó abriendo mucho los ojos.

—Esa no, pequeña. Esa no.

La decepción pintó en su rostro un mohín de enfado infantil y él la apartó suavemente intentando distraer su atención. Le encendió la tele y cuando no miraba la escondió en el fondo del cajón, lejos de su vista.

Media hora más tarde, cuando percibió el inusual silenció, corrió hasta el mueble y se estremeció.

Mientras coloreaba en su nueva libreta, Mireia reñía a su muñeca:
—No te puedo dejar pintar, no seas pesada, papá se enfadaría.

Manuel contuvo el aliento.

Con este relato he participado en el concurso Relatos en cadena SER

jueves, 25 de julio de 2013

Trato preferente



—Y yo, simplemente, pasaba por allí— dijo el abuelo un poco incomodo —Se lo juro señor agente,  yo no he hecho nada malo
—Lo sé, no se preocupe— contestó el policía mientras se ajustaba la gorra —Pero usted comprenderá que ese dinero no le pertenece y que debe devolverlo.

Todavía no me explico cómo me encontraron, cómo nos encontraron a todos — Pensaba el abuelo— Seguro que fue por las cámaras de seguridad del banco, como en las películas.

Los periódicos lo llevaban en portada: “Director de sucursal bancaria enloquece y reparte veinte millones de euros entre clientes afectados por las preferentes”. Todo el mundo opinaba acerca del suceso: “Locura transitoria”, “Banquero justiciero”,….

Y ahora le exigían que devolviese el dinero. —El abuelo no salía de su asombro— Que no era suyo, decían. ¿Que no era suyo?, si él tenía todos sus ahorros en el banco y no se los dejaban sacar. El Director del Banco, se lo dijo bien clarito:”No se preocupe de nada Eusebio, usted es un cliente preferente”.