sábado, 4 de abril de 2015

El tiempo no pasa



La tía Angustias siempre fue una mujer extraña y solitaria: contaban en el pueblo que de joven había sido muy hermosa pero que ningún mozo consiguió robarle el corazón. Mientras las demás bailaban en la plaza, Angustias rechazaba un pretendiente tras otro; con los ojos fijos en la orquesta, atenta al momento en que aquel muchacho moreno y de ojos verdes tapaba la boca de su instrumento con la mano y soplaba con fuerza, arrancándole un sonido metálico que hacía vibrar los cristales de las ventanas. Después Angustias dejaba escapar un suspiro y se marchaba a casa, sola, sin haber bailado ni una  vez.

Hace ya años que la comisión de fiestas cambió de orquesta; después del incidente con la furgoneta la mayoría de los músicos no quisieron volver a pisar aquel pueblo de catetos. La policía de atestados dictaminó que alguien había manipulado los frenos pero no pudieron establecer la autoría y el pleno del ayuntamiento emitió un bando en el que se insinuaba que todo había sido obra del único músico desaparecido en el accidente.

La nueva orquesta contaba con un trompetista extraordinario y la tía Angustias acudía fiel a la plaza para observar desde su rincón el momento en que, haciendo sordina, emitía aquella nota vibrante y metálica. Acabado el baile regresaba a casa, sin haber bailado ni una sola vez, le besaba en los labios y le aseguraba en voz baja que nadie sabía hacerla vibrar como él.


Estamos de vacaciones pero #viernescreativo sigue fiel a su cita y nos propone escribir una historia para esta foto. Un reto, un #microrrelato.