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lunes, 20 de octubre de 2014

Fe



Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad igual a todas las anteriores; adornada con las risas de los niños y perfumada con espumillón dorado. Una de esas Navidades que coleccionaba año tras año, como fotografías, en las que solo cambiaba la estatura de los hijos, y después de los nietos. Soñó con el abrigo de los villancicos, se llenó de viandas la mesa y llegó a sentir el contacto de una mano.

Despertó cobijado en la oscuridad del cuarto. Solo. Y apretando los puños, rezó, por primera vez en su vida, para que el dios de ella le llevará también a su lado.


Otro granito de arena para REC. Frase de inicio "Esperó hasta dormirse y soñó con otra Navidad". Imagen de internet.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Cena fría


Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. Parece que sólo seremos cuatro. Encendió una vela.
Sonó el teléfono, de nuevo, y frunció el ceño. Recogió otros dos cubiertos. Se sirvió una copa de vino y puso un poco de música. Bueno, al final será una cena romántica.
Pasó otra hora. Interrogó al teléfono con la mirada. No vendrá. Se sirvió otra copa de vino. En la tele echaban “Que bello es vivir”.

 Se acostó. Su fiel labrador festejó las sobras de la cena. Arrebujada en la cama, deseó poder desaparecer. Cerrar los ojos bien fuerte y abrirlos de nuevo en otro lugar, con una sonrisa.

Mi participación en REC semana 15.Frase de inicio : Suspiró profundamente y recogió dos cubiertos. 

jueves, 11 de julio de 2013

Sala de espera



Está harto de tanto esperar, sentado, haciendo rodar el bastón entre las manos, la paciencia consumida ya, hace horas. Desde que se jubiló no ha hecho otra cosa más que esperar. Esperar en la oficina del banco, el día uno de cada mes; esperar en la consulta del médico, a por recetas; esperar que le llegue la hora. Espera y observa, no habla con nadie, la compañía de otro ser humano le incomoda, le enerva, le recuerda a aquellos otros seres humanos que ya no están, o que ya no vienen a verle, que se aburrieron hace tiempo de su mal carácter y sus impertinencias.

Delante de él juega un niño. Tirado en el suelo a lo largo, empuja un cochecito de juguete por entre las patas de las sillas y hace ruidos con la boca. La madre le riñe —levanta del suelo, mira como te estás poniendo.—

Hace un calor insoportable, impropio de un mes de octubre, de pleno otoño. Pero ya no hay otoños como los de antes, cuando los niños volvían a llevar a la escuela capuchas y botas de agua. Y una leve sonrisa de nostalgia se dibuja tímidamente bajo el bigote del viejo, pero nadie la nota, nadie. Y los ojos le brillan húmedos por un breve instante hasta que el presente irrumpe de nuevo en sus pensamientos.