viernes, 9 de octubre de 2015

Espejo, espejito



Después de lo que llevaba gastado en salones de belleza, ropa de firma, gimnasios, dietistas, botox, masajes, manicura, cremas faciales… Contempló el fondo del espejo y arrojó dentro a su cirujano, le vio caer lentamente, casi ingrávido, hasta reunirse en lo profundo con su nutricionista, su peluquero, su estilista y el modisto que siempre le cosía una talla menos.


Por fin es #viernescreativo. Esta vez escribimos sobre una imagen de Bill Domonkos (un fenómeno en el arte de manipular imágenes antiguas). 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Buenas noches

  



El puñetero ojo de la cerradura me sigue a todas partes. Espía mi piel en la ducha. Cuenta mis pasos por el pasillo. El maldito cíclope, oculto, anhela mi cabello enredado en sus dedos. Persigue mi sombra hasta el dormitorio. Se esconde tras las cortinas.

Después, me arropa mientras promete y entorna la puerta.  Por la estrecha rendija, una noche más, me mira con un solo ojo.


Mi granito de arena para el REC de esta semana. La frase de inicio "El puñetero ojo de la cerradura" parecía marcar un camino demasiado obvio, pero, aún así, fue el que yo elegí.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Suerte de varas



El bate, «¡Eso, bate!», se le resbalaba de las manos pringosas. No le habían explicado bien las reglas del juego, solo le habían dado aquel palo —«bate, perdón, siempre se me olvida» —y lo habían empujado al campo. Pero él, aunque ponía todo su empeño en comprender a sus nuevos congéneres, no podía quitarse de la cabeza los minutos anteriores a su reencarnación, cuando el acero atravesó el aire y la vida se le derramó en la arena.


Recomponiéndose, Mendrugo embestía contra la primera base: el bate en alto, el sabor de la sangre en su boca y el rugido de la plaza gritando «olé, olé».


Frase difícil para empezar, pero algún día tenía que volver a la Arena. Aquí os dejo mi intento fallido (fuera de plazo) para el REC de esta semana.
Imagen: estampa de la serie "Tauromaquia" de Francisco de Goya (extraida de internet)

viernes, 29 de mayo de 2015

Viernes


El naufrago consiguió alcanzar tierra firme en el día más caluroso de aquel  mes de mayo; la playa estaba llena de bañistas que se tendían sobre las arenas como filetes en una plancha —vuelta y vuelta— deseosos de que su piel acusara los efectos perversos de la radiación y resultara, de ese modo, más atractiva para el sexo opuesto, o para cualquier sexo —qué más da—. El recién llegado en cambio, lucía un color tostado con destellos de bronce que fue la envidia de los que pudieron observarle salir del agua medio en cueros, el pelo ensortijado y revuelto, adornado de algas y arena, la barba crecida de un hipster, aunque descuidada y sucia, al más puro estilo hippy.
Desde el chiringuito, Bernardo observa la llegada del extranjero mientras pide a gritos una caña, —o mejor, un cañón —y se ríe de su ocurrencia —qué cachondo soy, un cañón.

En la orilla hay jaleo; el moreno se ha derrumbado. Al rato aparecen los de la Cruz Roja. Bernardo pide otra cerveza. En la tele, la alta comisaria de las Naciones Unidas para los refugiados abre y cierra la boca mientras el resto de los peces del acuario aplauden.


Este relato ha sido nominado en la convocatoria de ENTC y aún tiene una posibilidad de colarse en el libro recopilatorio de final de año. El tema eran "Los cañones" en homenaje al II Centenario de la Batalla de Waterloo, pero finalmente se abrió el tema a cualquier tipo de cañones, lo que me dio la oportunidad de jugar un poco con el significado de la palabra y traer una historia que no tiene nada que ver con Waterloo, pero sí con el mar.

viernes, 22 de mayo de 2015

Delator




Su ritmo se acelera en tu presencia. Retumba en mis oídos con violencia, como un trueno anunciando temporal. Palpita en mis sienes la oleada ardiente y galopa por mi pecho, desbocado. Me delata. Presiento que también puedes oírlo; levantas la vista y me sonríes. Late con tal fuerza que cualquiera puede oírlo. Me delata, estoy perdida. No puedo refrenar esta tormenta, escapa a mi control el sentimiento, no puedo soportar más la tortura. No puedo detenerlo. Sí arrancarlo.

Y ahora que desbordan los afluentes la sangre que nublaba hasta hoy mi mente, no puedo ni siquiera sonrojarme. No puedo ya decir cómo te quiero.

Mi granito de arena para #viernescreativo:  
La imagen atormentada que sirve de inspiración es de la fotógrafa Josephine Cardin.

viernes, 17 de abril de 2015

Borrasca en blanco y negro



La lluvia cae sin tregua desde hace seis días; la ciudad se ha limpiado de mugre y de turistas; y un viento frío del oeste se bate en duelo contra los paraguas de los pocos valientes que se acercan a la orilla del Sena; locos o enamorados — ¿acaso no es lo mismo?—, para bailar entre los charcos, para gritar que siguen vivos. Me encaro la Leika y disparo, disparo, disparo, pero ninguna de mis capturas me devuelve la locura. Ninguna.

La lluvia cae, sin tregua, desde que te fuiste. 


Un #viernescreativo más: una foto de Henri Cartier- Bresson nos inspira mil historias. Aquí os dejo la mía.

sábado, 4 de abril de 2015

El tiempo no pasa



La tía Angustias siempre fue una mujer extraña y solitaria: contaban en el pueblo que de joven había sido muy hermosa pero que ningún mozo consiguió robarle el corazón. Mientras las demás bailaban en la plaza, Angustias rechazaba un pretendiente tras otro; con los ojos fijos en la orquesta, atenta al momento en que aquel muchacho moreno y de ojos verdes tapaba la boca de su instrumento con la mano y soplaba con fuerza, arrancándole un sonido metálico que hacía vibrar los cristales de las ventanas. Después Angustias dejaba escapar un suspiro y se marchaba a casa, sola, sin haber bailado ni una  vez.

Hace ya años que la comisión de fiestas cambió de orquesta; después del incidente con la furgoneta la mayoría de los músicos no quisieron volver a pisar aquel pueblo de catetos. La policía de atestados dictaminó que alguien había manipulado los frenos pero no pudieron establecer la autoría y el pleno del ayuntamiento emitió un bando en el que se insinuaba que todo había sido obra del único músico desaparecido en el accidente.

La nueva orquesta contaba con un trompetista extraordinario y la tía Angustias acudía fiel a la plaza para observar desde su rincón el momento en que, haciendo sordina, emitía aquella nota vibrante y metálica. Acabado el baile regresaba a casa, sin haber bailado ni una sola vez, le besaba en los labios y le aseguraba en voz baja que nadie sabía hacerla vibrar como él.


Estamos de vacaciones pero #viernescreativo sigue fiel a su cita y nos propone escribir una historia para esta foto. Un reto, un #microrrelato.