lunes, 29 de julio de 2019

Maldito Van Gogh




Prueba con un nuevo filtro. Ajusta la saturación del color y guarda el resultado bajo el título “Img-15”. La carpeta se ha llenado de imágenes casi clónicas que no acaban de convencerle. Lo intenta de nuevo y Img-16 pasa a engrosar la lista de archivos que, al finalizar la jornada, enviará directamente a la papelera de reciclaje. Al dar las seis, antes de apagar el ordenador, contesta afirmativamente a la pregunta de si desea eliminar permanentemente los archivos seleccionados. Ni siquiera se permite la licencia de guardar una o dos de esas estampas e intentar editarlas de nuevo al día siguiente, cuando la luz del sol vuelva a parecerle más brillante que nunca y su vida más gris y solitaria.
De regreso a casa, se sienta en el sillón orejero y, mientras contempla el autorretrato del tío de su bisabuelo,  abre un tubo de amarillo cadmio oscuro y lo chupa con fruición.  Desde la otra pared, los malditos girasoles parecen burlarse de él.



Para la convocatoria amarilla de ENTC.
2019 - escribimos en Colores

Hasta fin de existencias




No pudo encontrar la paz interior. La que tenía en el armario estaba pasada de moda y se lanzó a buscar una nueva en los grandes almacenes. No tuvo suerte. Las rebajas habían comenzado hacía días y su talla estaba agotada. Decidió probarse una menos. Si perdía algo de peso quizás…
Inhaló y exhaló el aire, repitió mentalmente el mantra de la paz universal y encogió la tripa. Pero la cremallera se resistía y, cuando se miró al espejo, la angustia y la desesperación apenas quedaban cubiertas por la tela. Llena de rabia, abrió la boca para gritar y las venas de su cuello dibujaron cinco tulipanes púrpura.

Para el concurso ENTCerrados (entre la frase de inicio y la final, solo cien palabras)
La imagen es de Ronomore

miércoles, 10 de abril de 2019

Me llamo Esperanza




Hace dos días que papá se fue.

De día no puedo salir por culpa del calor. Desde mi ventana solo veo una extensión infinita y blanca. El cielo también es blanco y duele mirarlo. La televisión dice que la culpa es del polvo que lo cubre todo. 
Cuando llega la noche salgo de casa y voy hasta el pozo. Cada día tengo que echar más cuerda. Tampoco se distingue ningún color, aunque haya luna.

Papá decía que el color del campo le ponía alegre y contaba que, a veces, caía agua del cielo. Se llamaba lluvia. Cuando cesaba, el sol era como una caricia y la gente comía fruta de los árboles. No sé muy bien qué es un árbol. Ahora solo tenemos esas galletas secas que venden en el supermercado. Dicen que las hacen con los huesos de los que van cayendo. Yo no lo creo. Pero de algún sitio tienen que salir. Ya no hay granjas y los únicos animales que quedan son los perros. Pero nadie come perros. Nosotros no, al menos.

Ya hace tres días que papá se fue. Lo último que me dijo fue que me quería. Y trenzó mi pelo con una cinta verde.

ENTC nos propone escribir un relato inspirado en el color VERDE.



sábado, 16 de marzo de 2019

Mariposas



Como crisálidas despertando de un letargo se fueron despojando de velos y tules. Abandonaron satenes, bordados de seda y fina pedrería en el suelo. Libres del peso de los adornos, estiraron sus adormecidos miembros y, sin hacer ruido, desplegaron las alas que les habían crecido durante tan larga espera. Los funcionarios del registro civil las vieron volar, desnudas y libres, hacia la única ventana abierta. Ninguno movió un músculo para detenerlas y, aún hoy, se preguntan si fue la belleza de sus cuerpos o sus ansias de libertad lo que hipnotizó a aquellos trabajadores del ministerio.
Mientras tanto, los que se creían sus dueños jugaban a ser reyes. El sacrificio de la reina había pillado a todos por sorpresa, pero no dudaron en aplaudir la maniobra y lanzar vítores al ganador. Solo algunos se percataron de que el juego empezaba a ser distinto de la realidad.



Para los Viernes Creativos  de Ana Vidal.
La foto es de la sala de espera del registro civil de Tallin en 1973. 
El cuento podría ser éste u otro muy distinto.
El caso es escribir.

jueves, 21 de febrero de 2019

A mi viejo profesor




En mi caso, el daltonismo fue una adaptación al medio. Simple cuestión de supervivencia.

Cada vez que don Leónidas me devolvía el cuaderno, lo encontraba lleno de aquellas marcas brillantes y crueles que señalaban mis errores. El maestro atrapaba en un círculo cada uno de mis fallos, lo subrayaba y entrecomillaba, dibujando con saña el código indescifrable con el que puntuaba mi fracaso. Por último escribía una nota en el margen superior derecho de la página. Rara vez, aquel número alcanzaba el cinco y, en las pocas ocasiones en que merecía su aprobación, trazaba una o dos flechas descendentes señalando, sin lugar a duda, el presagio de mi futuro.

Veinte años después, no he superado la angustia que me produce enviar el borrador de mi última novela para que sea revisado. Hasta he incluido una cláusula en mi contrato editorial (por recomendación de mi terapeuta) que les obliga a usar bolígrafos verdes para ese menester.

Sin embargo, guardo un lápiz de ese color diabólico que llevo siempre conmigo. En cada librería o biblioteca, repaso la fila de lectores que esperan una dedicatoria. Busco un viejo de unos sesenta, gafas gruesas  y espalda encorvada.

Ansío saber qué nota me pone ahora.


Escribiendo a todo color para ENTC. 
Esta convocatoria nos inspiramos en el color ROJO.

sábado, 12 de enero de 2019

Llaços invisibles




Em llevo sense recordar si anit vaig sopar o no. Poso els peus a terra. Està fred, com ahir. Com cada dia des que dura aquesta situació estranya. Busco el meu reflex al mirall del lavabo, però només veig un rostre de dona. Sembla que ha plorat.
És l’endemà, o l’endemà passat. No estic segur, perquè ara tots els dies són iguals. Ella és a la cuina. Remena un cafè i té la mirada perduda. Jo sóc al seu costat però, per algun motiu, no em pot veure. Si tan sols pogués parlar-hi. Li preguntaria què s’ha fet de la meva bici.
Avui alguna cosa ha canviat. Ella era a la dutxa i jo he entrat al lavabo per pixar. És un costum. Tan bon punt em llevo, haig d’anar-hi i no m’acostumo a no fer-ho. Quan he entrat, s’ha tombat cap a mi, com si em mirés. Semblava nerviosa i molt trista. L’he seguit fins a l’aparcament. Estic tip d’haver de seguir-la arreu. Puja al cotxe i l’engega. De seguida he reconegut el vehicle: un tot terreny gris amb un bony al costat dret. Just on…
La miro i sento una fiblada al pit: una mena de neguit inútil. Ja no hi puc fer res. Ella tampoc. I tanmateix, mentre el garatge es va omplint de fum, penso que potser podria prémer la botzina i alertar els veïns.



Relat guanyador al concurs de La Microbiblioteca
 (covocatòria del desembre 2018)


Me despierto y no recuerdo si anoche cené o no. Pongo los pies en el suelo. Está frío, como ayer. Como cada día desde que dura esta situación extraña. Busco mi reflejo en el espejo del lavabo, pero solo veo un rostro de mujer. Parece que ha llorado.
Es el día siguiente, o dos días después. No estoy seguro porque ahora todos los días son iguales. Ella está en la cocina. Remueve un café y tiene la mirada perdida. Yo estoy a su lado pero, por algún motivo, no puede verme. Si por lo menos pudiera hablar con ella. Le preguntaría qué se ha hecho de mi bici.
Hoy alguna cosa ha cambiado. Ella estaba en la ducha y yo he entrado al lavabo para mear. Tengo esa costumbre. En cuanto me levanto, tengo que ir y no me acostumbro a no hacerlo. Cuando he entrado, se ha vuelto hacia mí, como si me mirase. Se la veía nerviosa y muy triste. La he seguido hasta el aparcamiento. Estoy harto de tener que seguirla a todas partes. Sube al coche y lo pone en marcha. En seguida he reconocido el vehículo: un todo terreno gris con un golpe en el lado derecho. Justo dónde...
La miro y noto una punzada en el pecho: una especie de angustia inútil. Ya no puedo hacer nada. Ella tampoco. Y sin embargo, mientras el garaje se va llenando de humo, pienso que tal vez podría tocar el claxon y alertar a los vecinos.

domingo, 16 de diciembre de 2018

...tal astilla




      Entorno la puerta con cuidado, por fin se ha dormido. Cada vez me cuesta más convencerlo de que los juguetes no se mueven solos cuando él cierra los ojos. Esta noche, incluso, he tenido que esconder el payaso de fieltro en el armario, porque Carlitos aseguraba que el muñeco era quien ordenaba a los demás que treparan a su cama y no lo dejaran dormir.
      Mi madre dice que tanto ordenador lo pone nervioso y por eso tiene pesadillas. La pediatra, en cambio, no le da importancia. Dice que es normal a su edad y que es un niño sano e imaginativo. Claro que ellas no tienen que saltar de la cama en mitad de la noche para ir a salvarlo de los dinosaurios de plástico hambrientos.
      Lo único que me compensa es cuando, como esta noche, consigo guardarme disimuladamente en el bolsillo  el descapotable azul. Le doy cuerda a tope, me siento al volante y te invito a ocupar el asiento de al lado. Tú sonríes y, juntos, dejamos que el viento nos despeine mientras él duerme tranquilo.
      Al amanecer, regresamos con las pilas cargadas y, mientras lo besas en la frente, susurras: "de tal palo…".

Escribiendo en ByN para ENTC
(recuperando el color)
Última convocatoria del año, inspirada en esta foto de Robert Dosnieau.