jueves, 28 de enero de 2016

"El mudo"



No son mariposas lo que tengo en el estómago. Cuando abro la boca, se me escapan destellos dorados y no puedo sonreír sin que parezca que está amaneciendo. Es poético, sí, pero un gran inconveniente cuando eres funcionario de prisiones y bebes los vientos por un interno.
Éste es el amargo origen de mi sobrenombre. Llevo años apretando las mandíbulas, imponiendo disciplina con un silbato, lo que me ha valido un segundo mote: el urbano.
Yo celebraría sus bromas pero temo que, con la risa, se me vengan todas las luciérnagas a la boca y consigan la libertad.



Compitiendo en la Segunda Ronda de La Copa ENTC:
 1 relato x 100 palabras + (luciérnaga+celebrar+amargo) = 2 historias increíbles. 
Podéis leerlas aquí

miércoles, 20 de enero de 2016

Desarraigado



Timoteo Bermúdez pasará a la historia como el hombre que se desenterró a sí mismo en el camposanto de La Serena o, al menos, eso explicaba él y, como prueba, mostraba las pequeñas raíces que le crecían entre los dedos de los pies. Pero a mí, me gusta más recordarlo caminando descalzo entre los charcos, exponiendo su piel desnuda a los rayos del sol hasta que de sus manos brotaban unos pequeños eslabones que, al madurar, se convertirían en las cadenas con las que lo retuvieron en el sanatorio aquel otoño, cuando se le secaron las hojas.




Aquí os dejo mi participación en LA COPA ENTC 2016 (Primera Ronda): el relato debe estar inspirado en la foto de Chema Madoz. Si queréis, podéis seguir La Copa aquí. Encontrareis este relato junto a los de mis dos compañeros y contrincantes en el ENCUENTRO 11 y podreis ver como van las votaciones y quién pasa a la siguiente ronda.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Cuentos para dormir



Enciendo la luz, otra noche de insomnio llama a mi puerta. Descorro el cerrojo, giro la llave y la dejo entrar: este tipo de noches son muy obstinadas y, si se te ocurre hacer como que no estás en casa, son capaces de aporrear la puerta hasta despertar a todo el vecindario. Nos saludamos cordialmente ­—somos viejos conocidos —, y se acomoda en el sofá, frente a la estufa, tarareando una melodía de Sinatra.
Yo me siento frente al teclado. Cada vez que noche en vela me visita, habla y habla, desgranando historias durante horas. No soy un gran escritor, carezco de imaginación, pero escucho muy bien. Ella habla y yo escucho;  acaricio letras, beso tildes y el calor de su voz aterciopelada se abraza mis ingles. Otras veces, noche de insomnio habla con voz áspera y fría mientras yo  golpeo sílabas y escupo puntos y comas hasta que, al amanecer, el cuchillo ensangrentado resbala de mis manos.
Con el punto final, noche en blanco me arrulla, me promete no volver jamás y dejarme descansar por fin. Pero yo la retengo, le imploro un cuento para dormir. Un último beso, un cuento más, antes de morir.


Esta es mi participación en ENTC, la última del año. Esta vez, el lema "My way" es un homenaje a Frank Sinatra.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Desenfreno




No encuentro las bragas. Las busco debajo de la cama y entre las prendas que han quedado abrazadas a otras prendas extrañas en el suelo, pero no aparecen. Tampoco entre las sábanas, ni en el aseo.

Me ducho. Pero yo llevaba bragas, de eso estoy segura.

Oye tú, ¿no serás un fetichista, no? No, no, por nada.

Pues si se las quiere quedar, que se las quede. Aunque si lo llego a saber me hubiera puesto otras, que las braguitas dichosas me costaron una pasta.

Lo he pasado muy bien. Te llamo otro día.

Anda, mira dónde estaban. Sí que lo llamaré otro día, sí.


Un nuevo #viernescreativo, de la mano de Fernando Vicente y esta ilustración de Petites Luxures

sábado, 5 de diciembre de 2015

Dementes



Solo es un juego, le decía cada vez que ella le mostraba otra muñeca rota. Solo es un juego, repetía mientras intentaba en vano encajar de nuevo la cabeza en el muñón reluciente del cuerpecillo de plástico. Es normal, los niños juegan y los juguetes se rompen.

Pero no, no era normal. ¿Cómo iba a ser normal aquel juego macabro? Su hermano era un monstruo y su padre estaba ciego. Así que tuvo que hacerlo, no le quedó otro remedio, pero al fin, recuperó todas las cabezas de sus muñecas. 

Por fin es #viernescreativo en el bic naranja de Fernando Vicente. Foto de Mr Toledano.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Violencias breves



Hoy es #25N y quiero compartir con vosotros una pequeña colección de microrelatos con un nexo común: la violencia cotidiana, la de cada día, la que soportamos las mujeres sin ni siquiera darnos cuenta. Son cuatro cuentos cortos, con personajes que todos conocemos: Caperucita, Cenicienta, el principe azul,... pero podría haber muchos más, porque la microviolencia está en el día a día
Va por vosotras ;-*



Violencias breves

Encantado

Erase una vez… que el príncipe azul se convirtió en princesa, y fue así como tornó su característico color por el morado de los cardenales que adornaban el cuerpo de ella. Dolorido por los golpes y patadas, que él mismo había propinado a aquel cuerpo apenas unos segundos antes, seguía llorando y suplicando a Dios que le ayudara.
Ella, por su parte, paralizada con la mano en alto, ante el horror de la familiar escena y sorprendida por el giro que había dado la historia, miró de reojo a la bruja, escondida tras las cortinas, y le dijo: “mejor conviértelo en sapo”.

Espejo, espejito

La reina estaba furiosa; después de lo que llevaba gastado en salones de belleza, ropa de firma, gimnasios, dietistas, botox, masajes, manicura, cremas faciales,… Miró con desprecio al espejo mágico y marcó el teléfono de su cirujano plástico; él lo solucionaría.
La televisión seguía mostrándole imágenes de mujeres hermosísimas, de muslos flacos y cintura estrecha, con la nariz respingona y los labios voluptuosos y, naturalmente, con unas buenas peras. Pero ella ya tenía todo eso y seguía encontrándose vieja y fea. ¿Qué era lo que le pasaba? ¿Por qué aquel condenado espejo no se daba nunca por satisfecho?

Caperucita

El lobo siempre tiene una palabra para ella: ¡guapa!, ¡menudo cuerpo!, ¡que te como! Y ella, con sus auriculares puestos, subiendo el volumen de la música, más y más, hasta dolerle el tímpano y ahogar la rabia. Y el lobo se limpia las babas y vuelve al taller, a decirle al chaval lo que se ha perdido.
Caperucita está harta y hoy, cuando el lobo ha asomado el hocico, le ha enseñado un dedo y le ha sacado la lengua. ¡Que te quede bien claro, lobo, que yo no tengo miedo a ir sola por el bosque!

Cenicienta

Que me vaya a fregar, dice. Que me vuelva a la casa, a la cocina, que es mi lugar. Y lo dice a voz en grito desde la grada, mientras su hijo baja los ojos avergonzado y saca la falta lo más rápido posible.  Y yo lo reflejo todo en el acta, por vigésima vez esta temporada, pero tampoco hoy pasará nada,  no habrá sanción al club. Después de todo –dicen en la federación no ha habido violencia.

Pero tranquilas que no podrán conmigo. El domingo que viene, pienso volver a transformar mi ropa en un traje negro de árbitro, una calabaza en coche con el que llegar hasta el campo y si me cabrean mucho, sacaré mi varita mágica en mitad del partido y convertiré a esos machistas en ratones.

lunes, 23 de noviembre de 2015

El intercambio







Abandonan, primero uno y luego el otro, la habitación del hotel. Cada uno por su lado, maletín en mano –¡taxi! –, regresan a la oficina. Suben en ascensor, último piso, sala de juntas. Entran, primero el otro y luego el uno, con esos cinco minutos de diferencia pactados, apretón de manos, sin mirarse a los ojos.

Nos sentamos, primero tú y luego yo, codo con codo, trabajo en equipo, sonríes. Abrimos los maletines, primero yo y luego tú, y maldecimos, al unísono, esos cinco minutos, coartada imperfecta que hace imposible que los hayamos confundido en el ascensor, o en el taxi. Sonrío. Ahora ya lo sabéis todos, fue en el hotel. 


De nuevo es lunes de #REC, Otro micro para la colección de despojos.