miércoles, 30 de octubre de 2013

Haberlas...


Decidió visitar a la bruja, como última opción. Llevaba tres meses trabajando en aquel caso y no había avanzado casi nada. No tenía sospechosos, no tenía pruebas y ni siquiera tenía cuerpo. Estaba encallado, su caso hacía aguas por todas partes y el fiscal le había llamado al orden por quinta vez en tres semanas:
—Sin cadáver— le había dicho—no tienes caso Gutiérrez, o encuentras el cadáver o archivas el caso.

domingo, 27 de octubre de 2013

El negociador


Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión. Se dispuso a dormir. El trabajo en Frankfurt había sido agotador y quería llegar descansado a su destino. Habitualmente no tenía dificultad para dormir en los aviones, es más, diría que era el único lugar en el que conciliaba el sueño con facilidad.

La negociación con los sindicatos había sido interminable. Cerrar la factoría de salchichas más grande del país no era cosa fácil.

Se acomodó y cerró los ojos. Pero el sueño no llegó esta vez, le inquietaba el hecho de que su siguiente destino fuese la sede de aquella compañía aérea. La azafata le sonreía.

Con este relato he participado en el I Certamen Internacional de Micro-Relatos del Grupo PRISA. El ganador ha sido Jose Ignacio Cebeiro con su relato "Salidas de Emergencia". Enhorabuena

miércoles, 23 de octubre de 2013

La muñeca


—Si papá, pero ¿y esa?— preguntó abriendo mucho los ojos.

—Esa no, pequeña. Esa no.

La decepción pintó en su rostro un mohín de enfado infantil y él la apartó suavemente intentando distraer su atención. Le encendió la tele y cuando no miraba la escondió en el fondo del cajón, lejos de su vista.

Media hora más tarde, cuando percibió el inusual silenció, corrió hasta el mueble y se estremeció.

Mientras coloreaba en su nueva libreta, Mireia reñía a su muñeca:
—No te puedo dejar pintar, no seas pesada, papá se enfadaría.

Manuel contuvo el aliento.

Con este relato he participado en el concurso Relatos en cadena SER

viernes, 18 de octubre de 2013

Asesino pasivo


Su primera cita con la muerte fue muy temprana, a los ocho años sobrevivió al accidente de coche en el que murieron sus padres. Su abuela se hizo cargo y lo educó tan bien como pudo. La pobre murió antes de que él acabara la secundaria  y, de nuevo, se encontró solo en el mundo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Sueños de Sirena

A grandes zancadas sobre las olas, se abrió paso hacia la libertad. La arena cálida la recibió con su caricia y la acogió en nombre  de la tierra soñada, ese mundo ideal en el que ansiaba encontrar una vida nueva. Sonrió mientras corría, temblorosa y  con los pies descalzos, en busca de sus más grandes anhelos. Sólo se detuvo un instante recordando lo que dejaba atrás.
No había abandonado aún la playa cuando le dieron el alto. La sirena lloró lágrimas de sal por su sueño roto mientras la conducían al  centro de detención de inmigrantes. Todavía resonaban en su mente las advertencias de su padre.

 Con este relato he participado en VII Edición de Relatos en Cadena (La Ventana - Cadena SER)

miércoles, 25 de septiembre de 2013

La caja



Al principio no reparó apenas en la caja. El portero le había explicado que, cómo parecía pesada y llevaba varias etiquetas que advertían que se trataba de algo frágil, él mismo había abierto la puerta del apartamento y se había asegurado de que el mensajero la depositara con sumo cuidado en un rincón del hall. El portero era muy solícito cuando se acercaban las Fiestas y olía que podía obtener un suculento aguinaldo.

Al principio no reparó en la caja, como decía, pero cuando ya hubo soltado las bolsas en la cocina y le echó un vistazo, supo que era la misma caja. La observó desde varios ángulos antes de atreverse a tocarla, pero no le cabía duda.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

El cementerio de llaves



El viejo miró la llave con extrañeza y volvió a introducirla en la cerradura pero no abría. Examinó el enorme llavero y probó con una segunda llave y una tercera antes de que alguien suspirase a sus espaldas.
—Espero que no tenga que probar con todas esas llaves.
—Habrá que tener un poco de paciencia— contestó el anciano como para sí mismo.
Y continuó probando las llaves una por una, con un ligero temblor en los dedos. Estaba seguro de que la primera llave era la correcta, pero no funcionaba, así que lo único que podía hacer era probar con las demás hasta dar con la buena. La edad no perdona, se decía a si mismo mientras seguía intentándolo de nuevo, convencido de que se había confundido de llave debido a un despiste.
Tenía llaves de todos los tamaños y formas. Algunas eran grandes y antiguas y estaban recubiertas por una capa de óxido que indicaba que no habían sido usadas en muchos años. A pesar de ello, también las probó. Sabía perfectamente que la llave que buscaba había sido usada cada día durante los últimos doscientos años,  pero había llegado a ese punto de incertidumbre en que ya no confías en ti mismo y dudas de todo.
—Ahí tiene usted muchas llaves— dijo una nueva voz detrás suyo.
—Están todas— contestó sin volverse.
A lo largo de los años había reflexionado muchas veces acerca de las llaves. La gente normalmente no se deshacía de ellas, cambiaban una cerradura, añadían una nueva llave al llavero pero tardaban un tiempo en desprenderse de  la vieja y cuando lo hacían solían guardarla en el fondo de un cajón. Era un comportamiento absurdo, pero así era la gente.